Caso para la intervención urbana realizado en clase de Dirección de Arte
Caso para la intervención urbana realizado en clase de Dirección de Arte
Te lo dice la calle
Qué Pasa
Te lo dice la calle
Como las capitales modernas, Montevideo tiene su arte callejero. A través de él, los artistas sintetizan una forma de vernos desde los muros.
Fabián Muro
Estuvo allí unas cuantas semanas, tan contundente como desapercibido. Pero de algunas paredes de la ciudad, ese stencil de Marcelo Tinelli pisando a José Pedro Varela -una certera reflexión sobre el estado de situación uruguayo- saltó hacia los medios que saludaron la inventiva de sus autores.
Dejó en evidencia una actividad de la que cualquier peatón más o menos atento a su entorno ya se había percatado: la proliferación de pintadas en los muros que trascienden la inmediatez de la demanda sindical o la publicidad política. No son vándalos, al menos no siempre. Aunque algunos pueden confundir las categorías, son los representantes locales de una tendencia que ya es mundial: la del street art, el arte callejero inevitable en cualquier ciudad.
Como en una extraña coincidencia, la intendencia de Montevideo anunciaba la creación de una unidad antigrafiti, con la intención de evitar el vandalismo, que en el caso de los artistas callejeros se circunscribe a las pintadas sobre monumentos. La intendencia instaló un muro oficial para que los grafiteros se expresen en la Plaza Líber Seregni.
Claro que para un arte que necesita expandirse y adueñarse de la ciudad más allá de los permisos municipales, un muro autorizado será siempre insuficiente. Algunos de los artistas callejeros admiten que la noticia de una unidad antigrafiti los puso nerviosos. Luego quedó claro que el aviso cayó en la ignorancia de creer que para ser grafitero basta con la caligrafía torpe de los que escriben frases insultantes sobre un equipo de fútbol.
“Solo con el nombre plantean una relación y una posición antagónica con respecto al grafiti, que además, lo usan de una manera general y absurda para englobar un montón de cosas que poco tienen que ver con él”, escriben por correo electrónico Álvaro e Ignacio, integrantes del dúo Elementum, que se dedica a los stencils. Álvaro estuvo en el grupo de estudiantes que ideó y pintó la imagen del conductor argentino con un pie arriba del educador uruguayo.
Munidos de sus latas y bocetos, los artistas callejeros de Montevideo salen a dejar su marca en los muros y las paredes de la ciudad para hacerse un nombre como artista, mostrar un descontento, marcar presencia o embellecer el barrio.
Ese arte ya tiene una estrella internacional, Banksy, quien dirigió Exit Through the Gift Shop, una obra que estuvo nominado al Oscar como documental y que ayuda a entender el fenómeno. Las grandes galerías del mundo incluyen obras salidas de la calle, y el street art es, quizás, de las influencias más relevantes en el arte moderno.
TAGS. El inicio del camino suele ser un tag, una rúbrica diseñada para hacerse rápidamente y repetirla en cuanto espacio disponible haya. Los que siguen avanzando en la escala del artista callejero pasan al stencil -se pinta sobre una plantilla diseñada previamente- y, finalmente, el grafiti, las piezas más grandes.
En Peñarol sobre la avenida Garzón, Verónica -lata de spray en mano- mira a su novio, Adrián, bocetar una pieza que se convertirá en uno de esos grafiti. Ellos son dos quintas partes de una crew (como se los llama a los grupos de grafiteros) Kncr (léase Cáncer) y según los entendidos, una referencia ineludible en el arte callejero montevideano.
Verónica y Adrián se hacen llamar Min-8 y AS1 y en su equipo también están Raf, Ronik y Mts. Vienen pintando muros desde 1998. En esa soleada mañana en Peñarol comparten una enorme pared como invitados de otra crew, Sart. Ya consiguieron la aprobación del dueño del muro, están terminando de poner las bases y lentamente empiezan a aparecer los nombres o los motivos elegidos. La “previa” la hicieron en casa: cajón con latas, bocetos, máscara para filtrar los vapores de las pinturas y una botella de refresco.
En la caja de latas habrá el equivalente a unos 2.000 pesos. Se trata de pinturas importadas de Brasil, especiales para grafiti. Verónica y Adrián recuerdan que cuando empezaron tenían que recurrir a pintura de muy mala calidad o viajar a Buenos Aires. Ahora tienen un acuerdo con un importador. Calculan que esta vez estarán unas cuatro horas, y que cada obra consumirá entre ocho y 10 latas en cada pieza, a 140 pesos la lata.
Kncer no parece el nombre más auspicioso. “Le pusimos así porque el grafiti toma la ciudad, tu vida, todo… No es un hobby, es mi vida”, explica Verónica.
Otro artista callejero, Nicolás Sánchez, firma como Alfalfa y pinta en la calle desde hace unos tres años. Llegó de Venezuela en 2005, de un hogar en el cual ambos padres eran artistas. Durante años pintó bajo techo. Cuando aterrizó en Montevideo, sacó sus pinturas a la calle. “Hago cosas para particulares”, comenta, y señala hacia unos platos a los que les está dando su estilo. “Pero mi obra está en la calle”, afirma.
Efectivamente, solo al salir de su casa, en esa zona donde el Cordón casi se vuelve Aguada, uno se topa con una de sus pinturas. La hizo en la fachada de un local de restauración de muebles. El restaurador dice que un día llegó y se topó con ese ser azul y extraño que ahora adorna parte de la fachada. “Para mí fue una sorpresa”, cuenta. “Pero no tardó mucho en gustarme. La verdad que está muy lindo. Además, da pie para que entre gente y me pregunte de quién es la pintura”.
A Sánchez no le gusta que lo llamen grafitero. Prefiere el más clásico rótulo muralista. Grafitero, dice, tiene otra connotación, más cercano al vandalismo que al arte. Pero el muralista, el grafitero y el que se dedica a los stencils comparten el rasgo principal del arte callejero: lo efímero de su trabajo. “Es así. Uno tiene que aceptarlo de entrada. Pero sí, el ego artístico recibe un pequeño golpe cuando desaparece una pintura”, dice Sánchez.
Un grafiti puede durar apenas una noche, pero también varios años, dice Verónica. “Depende del lugar en el que esté. El Centro es un lugar muy codiciado, pero nosotros le huimos un poco a eso. Los grafitis son de la periferia”, afirma.
No sólo depende del lugar. Mientras que en otros países los artistas callejeros compiten entre sí por las paredes disponibles -y están siempre atentos a la presencia policial- en Uruguay el adversario no es principalmente la Policía o la intendencia: son los partidos políticos. Especialmente los del Frente Amplio, la fuerza política con más años de pintadas en los muros de la ciudad.
“La pegatina y la política no tienen respeto por nada”, dice Adrián. “Te matás haciendo un muro y vienen luego y te lo tapan en minutos. Si me decís que vengo y hago una mancha de dos colores, bueno, lo entendería un poco más. Pero estás 10 horas, gastás un platal en latas y vienen con dos litros de cal blanca y te lo tapan. Eso es terrible. Esto es una guerra”.
Leonard Mattioli integrante de la banda de hip hop La Teja Pride -de la cual el grafiti es parte sustancial- ya no pinta, pero sigue vinculado a los artistas. De hecho, varios de los discos de la banda están diseñados por artistas callejeros, como el dúo Elementum.
Mira, eso sí, con suspicacia las intenciones de la IMM de hacer de Montevideo una ciudad menos pintarrajeada. “Empezaron pegándole al más débil”, dice Mattioli. “La principal mugre de las paredes de la ciudad no son las rayas, son los afiches”. Álvaro e Ignacio de Elementum opinan igual: “Montevideo se ve fea y desprolija, pero no por el grafiti. Sino por las pintadas políticas y el empapelamiento masivo y desmesurado con afiches que cubren cuadras enteras”.
Hay cosas que deberían ser obvias como no pintar sobre un monumento. “Puede que no me guste tal o cual estilo de una escultura, por ejemplo”, dice Sánchez, Alfalfa. “Pero no por eso voy a ir a pasarle por encima. Tampoco lo haría sobre la casa de alguien que recién fue pintada. Más que códigos, se trata de sentido común”. Pero ninguno de los entrevistados renuncia a -como sostienen- embellecer y recuperar aquellas partes de la ciudad que están deslucidas.
“Siempre tratamos de que lo que hacemos aporte algo al barrio”, elabora Verónica. “Tratamos de incorporar a los vecinos en esto. Si alguien nos cuenta que un vecino muy querido cantaba tangos, por ahí incluimos a esa figura a nuestra pintura, para que sientan que esa pintura también es de ellos”.
Montevideo, dice Sánchez, necesita de esos salpicones de colores y formas que aparecen y desaparecen al ritmo de las obras de construcción y las pintadas políticas. “Montevideo es una ciudad muy gris. No tenemos una gran tradición de muralismo acá”.
Hasta dónde llega el derecho a expresarse artísticamente en un lugar público antes de convertirse en una agresión visual, será una discusión difícil de laudar. La IMM no parece tener muy claro dónde está la línea divisoria. Kncr ha incluso cobrado por grafitis encargados por la intendencia. Álvaro de Elementum se pregunta quién es idóneo para discernir qué es arte y qué no: “Lo que hoy percibimos como un dibujo feo en una pared puede ser considerado arte en un futuro, pero se ve qué lejos ha quedado Duchamp”.
Lo que sí parece evidente es que continuarán las disputas por aquellos muros que son visibles, y que en el enfrentamiento entre las normas municipales, el interés comercial y el proselitismo político, aquellos con aspiraciones artísticas aparentan llevar las de perder. “Pero no importa. Es parte de la mecánica de la ciudad”, concluye Nicolás Sánchez.
Callejeros bajo techo
Gustavo Tabárez es dueño de la galería Marte Upmarket. Hace dos años le abrió sus puertas a artistas callejeros como Alfalfa, Maldito Rodríguez, Fran y Fiolence, que trasladaron sus obras a cuadros. Tres mil dólares se llegó a pagar por una obra en la única muestra privada de arte callejero hasta hoy.
De la calle a la red
“Internet cambió todo”, dice Verónica de Kncr. “Todo está ahí para aprender”. También se puede copiar a los más capaces viendo videos en YouTube. El futuro puede estar ahí, como dicen Álvaro e Ignacio, de Elementum. “Hemos llevado nuestro aprendizaje del arte urbano a medios digitales”.
Fuente: http://www.elpais.com.uy/suplemento/quepasa/te-lo-dice-la-calle/quepasa_562851_110430.html
Participación de intervención urbana para una clase de Dirección de Arte.
Afiche Ghetto Digital LTP @ Bluzz Live
Promo Sticker LTP para toques en el interior durante la temporada de verano
Participación en el video “Intratable” - Santi Flow
Participación en el video “Portarse Mal”, La Teja Pride.




